El Síndrome de la persona impostora
por Licda. Ana Marín Ruíz, Psicóloga, Servicios Médicos BCR
En algún momento, es posible que usted haya tenido la sensación de que los logros obtenidos no se deben al esfuerzo que realiza o a las habilidades y competencias que posee, sino “a la suerte”. Cree que si le conocieran de verdad no le darían mérito porque se darían cuenta de que “usted es una estafa”. Este fenómeno es conocido como síndrome de la persona impostora.
En 1978, las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes identificaron este fenómeno, que refleja s las dudas que las personas pueden experimentar respecto a sus propias capacidades. Históricamente nuestra sociedad ha brindado culto al éxito y al desempeño como caminos casi exclusivos para recibir afecto y reconocimiento. esta sensación puede convertirse en una prisión emocional, generando pensamientos sesgados, paralizadores y constantes dudas respecto a la propia actitud e inteligencia, enraizando creencias erradas sobre el propio actuar.
Por ejemplo: “esto fue producto del azar, o la causalidad”, “no soy suficientemente bueno para esto” o “este lugar no es mío”. Se vive en un constante temor por ser desenmascarado “como si” no se estuviera a la altura del desempeño esperado, preocupándose en demasía por las expectativas de otros.
Las personas que caen en esta trampa mental tienden a minimizar sus logros y magnificar sus errores, otorgando a estos últimos un valor excesivo. Esta mentalidad les impide sentirse satisfechos o valorados por sus esfuerzos. Siempre sienten que podrían haberlo hecho mejor, mientras la autocrítica y el auto sabotaje se encuentran a la orden del día.
El origen de este síndrome puede estar relacionado con dinámicas familiares en las que se fomenta el perfeccionismo, la comparación, el maltratado, el desprecio, la hiperexigencia e incluso la sobreprotección.
Algunas de las señales que nos dan pistas de sufrir este síndrome:
- Infravalorarse. Sobrevalorar a los otros y sus opiniones
- Constante temor a decepcionar y a quitar el lugar a la persona que merece le reconocimiento
- Sentir que no se es suficiente o que no se hace lo suficiente. No se disfruta el logro alcanzado. Procrastina
- Tendencia al perfeccionismo y al control. Sensación constante de “pudo haber sido mejor”
- Renuncia a actividades por no sentirse capaz. Evitación
- Suele pedir confirmación de que lo realizado está bien. Se defiende de manera preventiva.
- Baja autoestima
- Incapacidad para recibir elogios
- Requiere reconocimiento constante
- Constante estado de alerta, lo que genera malestar emocional, ansiedad y tristeza
¿Cómo lo soluciono?
- Se requiere detectar los pensamientos y sensaciones que le persiguen y le hacen sentir inadecuado, inseguro e incompetente. Escribe lo que el inquisidor interno te dice, identifica como te limita. No intentes contestarle a esa voz interna, solo identifica
- Imagine que mañana se despierta y ha sucedido el milagro: ya no se sientes un fraude: ¿cómo sería su nueva vida? ¿Qué haría diferente?
- Actúe poniendo toda la atención en el objetivo y no en el lenguaje interno. Esto ayuda a superar el bloqueo
- Redacte una lista de sus logros y talentos mostrados desde la infancia, aunque los considere pequeños
- Recorra la historia familiar y descubra cómo ha aprendido y cuál es su percepción del éxito.
- Regálese la posibilidad de ver el error como parte de la vida y no como algo imperdonable. Por ejemplo, si no nos hubiésemos caído muchas veces es probable que no hubiésemos aprendido a caminar
- Propóngase parámetros de autoevaluación más justos.
- Arranque de su vida las etiquetas y opiniones negativas que otros le hicieron creer. No se deje encasillar
- Brinde su opinión
- No se compare, ni mezcle las expectativas de otros con las suyas
- Defínase de manera realista. Piense en aquella persona que desea ser y genere conductas para lograr este objetivo
Séneca dijo: “vayamos donde vayamos nos llevamos a nosotros mismos y no hay forma de evitar esta condena”
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