OPINIÓN
por Lic. Esteban Ardón Morera, Supervisor Unidad de Bienestar Laboral
La pandemia cambió nuestra rutina de tal manera, que lo que se convirtió en una realidad, nos tiene aún rodeados de mascarillas, alcohol en gel y vacunas. De hecho, en los últimos meses la pregunta con la que podemos iniciar fácilmente una conversación es: ¿ya se vacunó? Y esto es porque se trata de un tema que debemos tomar en serio.
Si la literatura científica, las autoridades de salud internacionales y los nuevos estudios reiteran que estas medicinas inyectables funcionan, son seguras y salvan vidas tenemos la responsabilidad de aprovechar estos recursos que están a nuestra disposición sin tener que cumplir ningún requisito.
Recientemente, el Ministerio de Salud de Costa Rica realizó un análisis en el que determinó que solo ocho de cada 10 000 personas con esquema de vacunación completo contra COVID-19 requirieron hospitalización. Por otra parte, el último estudio de las autoridades con cierre al 30 de julio, señaló que únicamente el 0,2% de las personas vacunadas reportó un posible efecto secundario.
Unámonos a los esfuerzos para mitigar contagios y prevenir la saturación en hospitales, y con mucha más razón, las muertes. Una alta cobertura de vacunación reducirá la posibilidad de que el virus se propague y prevendrá la aparición de variantes más amenazantes que la Delta, según las autoridades de salud.
Eso sí, recordemos que las vacunas no reemplazan ninguna medida de higiene y de cuidado de nuestro sistema inmune. El uso correcto de la mascarilla, el lavado constante de manos y el distanciamiento social, siguen siendo indispensables en la lucha contra el coronavirus.
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