Para nuestro aseo personal, para alimentarnos y para trabajar, el agua potable está tan solo a una llave de distancia: tan básico que no lo notamos, tan normal que muchas veces lo subvaloramos.
Precisamente, en el marco de la celebración del Día Mundial del Agua, este 22 de marzo, nos unimos a los esfuerzos globales para hacer conciencia de la importancia de este recurso natural y, sobre todo, de lo que hacemos para cuidarlo.
Este año la Organización de las Naciones Unidas (ONU) centra su atención en las aguas subterráneas y sus expertos son enfáticos en afirmar que sin ellas la vida no sería posible, pues entre otras cosas, son decisivas para el adecuado funcionamiento de los ecosistemas. La entidad asegura que las aguas subterráneas están contaminadas en muchos lugares y que para mitigar el daño se requerirá de procesos largos y difíciles, lo que aumenta los costos de tratamiento e incluso, impide su uso en ocasiones.
La realidad de las aguas subterráneas dirige la mirada no solo hacia los recónditos de la tierra, sino también a lo más profundo de nuestros hábitos. No existe otra alternativa, tenemos en las manos la responsabilidad de ejercer un consumo más consciente. Debemos protegerlas de la contaminación y utilizarlas de forma más sostenible, tratando de lograr un equilibrio entre nuestras necesidades y las del planeta.
Si bien es cierto que Costa Rica destaca por una alta cobertura de agua potable en la población al alcanzar un 92,4%, no queremos dejar pasar la oportunidad de sensibilizar sobre el restante 7,6%. Son personas, familias y comunidades que aun hoy no logran abastecer sus necesidades básicas de calidad de vida.
Tomar conciencia y adoptar cambios en el cuidado del agua potable y sus fuentes subterráneas es el compromiso individual y colectivo sobre el cual debemos actuar si aspiramos a un desarrollo social más sostenible y equitativo, para nuestro bienestar y el de las próximas generaciones.
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