La soledad
por Dra. Ana Marín Ruíz, Psicóloga Máster en Terapia Breve Estratégica, Servicios Médicos BCR
Es posible experimentar una gran sensación de soledad pese a encontrarse hiperconectado la mayoría del tiempo a redes sociales, correo electrónico y comunicación telefónica, entre otros.
Respecto a este tema, varios autores han mostrado un supremo interés: John T. Cacioppo (2008), indicó que estar solo es menos significativo que el sentimiento de soledad. La diferencia radica en la percepción subjetiva, las diferencias culturales, historia y sucesos de vida, si existe algún trastorno asociado, así como la frecuencia y calidad de las relaciones personales satisfactorias que posea el sujeto. Por su parte, Giorgio Nardone (2019), siguiendo la tradición europea, ha planteado su posición en tanto la soledad es un supuesto esencial para la existencia. La persona trata de evitar algo que es fundamental en el desarrollo del ser humano, corriendo el riesgo de desarrollar una autofobia, que no es otra cosa que tener miedo irracional a estar en su propia compañía. Cuando nos apartamos de otros tenemos oportunidad de analizar, producir y generar crecimiento personal.
La soledad es un paso en la construcción de una personalidad resiliente. El asunto es: ¿Cómo la estamos interpretando?, ¿Cuál es nuestro paradigma? Podemos confundir la soledad como un estado (no tener compañía) y la soledad como una emoción (sensación de no estar conectado con alguien o con algo). Para transformar lo anterior, se requiere generar un cambio en nuestras decisiones y acciones. En la intimidad, cobra importancia reflexionar sobre abandonar la percepción de ser humano incomprendido, víctima del mundo. Lo anterior, implica poner fin a la visión de “todo está mal y siempre va a ser así” y caminar hacia: “no es fácil, pero enfrento la situación, me esfuerzo, me comprometo conmigo, sólo por hoy voy a salir adelante”.
Se torna transcendental resignificar el concepto de individualidad, no como fuente del dolor y separación del otro, sino como el compromiso personal que se posee al estar en intimidad consigo mismo, al ser responsable de lo que se piensa y se siente. Se recomienda escucharse, conocerse, sentir satisfacción y gratitud por las acciones de cada día, dejar de aislarse, poder decir sí o no ante diversas propuestas y saber aceptar un no por respuesta. Recordando cada día a Albert Einstein quien solía decir que “lo hermoso de la vida es buscar lo hermoso de la vida”. Por tanto, la soledad es una sombra, siempre a nuestro lado, no podemos librarnos de ella, lo que podemos hacer es aprender a gestionarla. En palabras de G. Nardone, sabiendo que puede ser una tortura o un placer, es nuestra decisión.
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