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Lillian Moller Gilberth nació en Estados Unidos en 1878, fue psicóloga e ingeniera industrial y más de cien años después sigue siendo conocida como “la primera dama de la ingeniería”. Junto a su esposo Frank Gilberth, fueron pioneros en el estudio de la ergonomía, creando importantes innovaciones dentro de esta rama.
Frank, debido al tiempo en el que trabajó como asistente de albañil, estaba muy interesado en buscar la manera de aumentar la productividad de los obreros; Lillian, quien compartía su pasión por la innovación, se interesaba más en el lado humano del trabajo. Esta combinación de “mayor productividad y mayor comodidad”, dio como resultado la creación de un andamio que le permitía a los albañiles realizar su trabajo de una manera más rápida y agradable. Contar con sillas ergonómicas, a una adecuada altura y distancia de la pantalla, es algo que debemos agradecer a los estudios de la pareja.
Lamentablemente, en 1924 Frank falleció, quedando Lillian a cargo de sus 12 hijos, pero esto no limitó la labor que venía haciendo, por el contrario, no solo continuó, si no que expandió el trabajo e investigaciones que había desarrollado junto a su esposo, convirtiéndose en la primera mujer miembro de la Sociedad de Ingenieros Industriales en Estados Unidos.
Ahora que conocemos un poco más de la historia de esta maravillosa mujer, es momento de mencionar algunos de sus proyectos que, dicho sea de paso, fueron desarrollados en conjunto con grandes marcas que hoy día son reconocidas en el campo de la innovación y por estar a la vanguardia. Una de estas es General Electric, para quienes Lillian Moller creó los estantes para las puertas de los refrigeradores, además, fue la creadora del basurero con pedal, la batidora mecánica de mano y equipos que facilitaban el uso de camas para personas con discapacidades físicas.
Lillian Moller dedicó su vida a buscar maneras de optimizar labores, pero, como madre soltera, dedicada además de su trabajo a labores del hogar, fue en este último campo su mayor enfoque. La historia de la primera dama de la ingeniería nos deja claro que para innovar no existen limitaciones … solo posibilidades.
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