Las dos caras del crédito de consumo y las tarjetas de crédito
En la actualidad, contar con opciones de financiamiento accesibles es fundamental para que las personas puedan atender necesidades de consumo, afrontar imprevistos o simplemente mejorar su calidad de vida. De ahí la relevancia de los créditos de consumo y productos como las tarjetas de crédito.
¿Por qué son tan importantes estos productos?
Estos instrumentos financieros no solo brindan liquidez inmediata, sino que también permiten a los usuarios construir su historial crediticio, acceder a programas de fidelización y mejorar su perfil como sujetos de crédito. Además, al facilitar un mayor nivel de consumo, estimulan la demanda de bienes y servicios, impulsando así la producción y las ventas en diversos sectores.
Este dinamismo genera un efecto multiplicador en la economía: más consumo genera más ingresos para las empresas, lo que a su vez se traduce en más empleo e inversión. En otras palabras, el crédito de consumo cumple un rol clave en la activación económica.
Para las entidades financieras, estos productos representan una oportunidad estratégica: son altamente demandados, permiten atraer nuevos clientes y, correctamente gestionados, ofrecen una alta rentabilidad.
El lado menos visible: el riesgo del impago
No obstante, el crédito de consumo y las tarjetas de crédito también presentan desafíos importantes, sobre todo en lo que respecta a la recuperación del dinero prestado. Al tratarse de productos sin garantía real y dirigidos a un amplio espectro de la población (incluyendo personas con bajo nivel de educación financiera), el riesgo de mora es considerable.
En Costa Rica, por ejemplo, las tarjetas de crédito registran tasas de incumplimiento de hasta un 22 %, mientras que los créditos de consumo sin garantía alcanzan un 25 %. Estas cifras evidencian la vulnerabilidad de este tipo de cartera frente al sobreendeudamiento y la falta de planificación financiera.
¿Cómo mitigar el riesgo de morosidad?
La gestión de cobro en este segmento requiere un enfoque equilibrado: debe ser efectiva en la recuperación, pero también respetuosa con el cliente, especialmente considerando la sensibilidad que puede acompañar una situación de impago. Ante este reto, las entidades financieras más sólidas de América Latina han adoptado diversas buenas prácticas, entre ellas:
- Segmentación inteligente de cartera: Clasificar a los clientes según variables como antigüedad de la mora, monto adeudado, historial de pagos, reincidencia y probabilidad de recuperación.
- Estrategias de contacto proactivas y multicanal: Diseñar campañas de comunicación utilizando múltiples canales (teléfono, correo, SMS, WhatsApp, apps bancarias), en horarios y momentos adecuados según el comportamiento del cliente.
- Cobro escalonado: Organizar la recuperación en fases progresivas, desde recordatorios amigables hasta gestiones más formales, dependiendo de la evolución de la deuda.
- Ofertas personalizadas de pago: Presentar opciones flexibles de arreglo que faciliten al cliente la regularización de su situación, como refinanciamientos, prórrogas o descuentos por pronto pago.
- Análisis de datos e indicadores clave: Monitorear constantemente la efectividad de las acciones mediante métricas como el porcentaje de recuperación por antigüedad de mora, eficiencia por canal, o costo de cobranza vs. monto recuperado.
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CONCLUSIÓN
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Actualmente en el BCR trabajamos en el proyecto Excelencia en la cobranza.


