Cuando estudiaba la carrera de informática en el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), @Gloriana Araya Solis, una joven zarcereña, conoció la Fundación Sulá Batsú, una cooperativa solidaria que realiza trabajo social en varias comunidades, principalmente en la Zona Norte.
Todo inició cuando ella y sus compañeras decidieron participar en una competencia femenina organizada por la cooperativa, obteniendo el tercer lugar por el desarrollo del prototipo de un APP para promover el comercio local de la zona.
Así conocieron más acerca del trabajo social de la cooperativa y decidieron involucrarse de manera voluntaria en proyectos educativos para dar clases a grupos de niñas y mujeres en Los Chiles.
"Sulá Batsú desarrolla diferentes iniciativas que buscan inspirar a las niñas, jóvenes y mujeres a acercarse al estudio de carreras vinculadas a las ciencias, la tecnología y las ingenierías, pues son quienes menos acceden a este tipo de conocimiento. Así que, siendo mujer, me interesó aportar en esta rama y demostrarles a las niñas que las mujeres también podemos ser informáticas” afirma Gloriana.
Conforme pasó el tiempo, además de las clases a las niñas y mujeres, se fueron adicionando cursos abiertos a más niños y sus papás
Entre los temas que se desarrollan está el uso básico del equipo, aplicaciones generales como el correo, medidas de seguridad, lenguajes de programación (Python), entre otros.
¿Vale la pena el esfuerzo?
Durante casi diez años, Gloriana y sus compañeros salían de clase los viernes y viajaban durante la noche para estar el sábado temprano en Los Chiles.
El cansancio e invertir sus propios recursos siempre fueron recompensados cuando las personas, por más alejado que vivieran o enfrentándose a muchos impedimentos, nunca faltaron a clases.
Gloriana nos cuenta:
Soy de una zona rural y sé lo que es no tener este tipo de oportunidades … así que todo el esfuerzo valió totalmente la pena. Era la única oportunidad que esos niños, niñas y… sus padres, tenían para acercarse un poco a la tecnología o inclusive a una computadora, que les permitiera tener un mejor empleo.
Recuerdo una pareja con un niño (los tres iban a clases) que un día, bajo un aguacero torrencial, llegaron a pie, empapados y llenos de barro. Entonces pensé, ¿cómo no hacer el esfuerzo de venir?, si ellos, sin recursos y bajo estas condiciones, no faltan a clases; mientras muchos otros, teniendo todo a su favor, las desperdician
Esa motivación de ellos querer salir adelante por tan solo un curso a mí me caló y fue la motivación necesaria.
Yo creo que todos los que hemos podido salir adelante, que las oportunidades nos han llegado más fácil y que tenemos alguna habilidad particular, tenemos una responsabilidad de compartir nuestro conocimiento. Inclusive en el trabajo … el compartir conocimiento hace que seamos más mentes trabajando por un mismo objetivo y nos genera mayor satisfacción”
Gloriana considera que de esta manera se impactan vidas … pero, sobre todo, se siembra la semilla para que estos niños continúen soñando y, por qué no, ver más niñas convirtiéndose en informáticas o ingenieras. “Yo era una jovencita cuando inicié en este proyecto… y eso me ayudó a ser humilde, a tener paciencia, a ser empática ante las necesidades de otros y que, aunque uno puede enseñar lo que sabe … también tiene mucho que aprender".
Durante la pandemia, las clases se suspendieron, pero Gloriana no descarta retomar esta importante labor.



